viernes, 12 de abril de 2013

Infusión de mar

Cuando la noche cae en ti, solo sintiendo soledad, mientras te cuesta dormir al tiempo que la luna intenta alumbrar el poco valor que sientes vibrar dentro de tu cuerpo, a veces no te sientes bien, y crees que las estrellas se han vuelto en tu contra, mientras desaparecen y esconden tras tu mirada triste de silencio, y piensas a su vez que las nubes fuerzan que te abandonen, queriendo que apaguen los miedos de tu corazón.
Ante ese hecho intentas dormir, cierras los ojos sin llorar, mientras la luna sigue siendo tu luz esa noche, pero la expresión de tu rostro sigue igual, incluso puede verse reflejada en el cielo, donde las nubes y estrellas sienten esa preocupación, tu miedo simplemente les infunda miedo, por eso solamente su omisión.
El tiempo pasa sin provocar ningún ruido que soportar, la luna deja paso al sol, el dios del fuego te espera junto al inmenso color azul del firmamento, brillando intensamente para avivar tu interior con sus rayos dorados que entran suaves a través de tu ventana, indicando que el comienzo de otro día puede ser mejor.
Esos brillos que respiras te dan fuerzas para levantarte y andar, dejas que el viento sea tu brújula, siguiendo el silbido de unas hojas que pasean junto a ti, y esas hojas se convierten en tus amigas, susurrando que detrás de una colina se encierra un lugar especial, decides por tanto seguirlas, mientras te encuentras con  la melancolía al ver que aquel lugar ya lo conocías. 
Desde la colina puedes observar como se mueven las olas del mar, ves un camino por el cual decides bajar y mientras desciendes te descalzas para sentir la arena junto a ti, hasta que llegas a la orilla, te tumbas y te dejas solamente llevar por la serenidad.
Santiago de la Ribera.
Santiago de la Ribera.
Crédito de la imagen Luis Costa G.
Poco a poco el agua del mar se va acercando a tus pies hasta terminar llegando a tu cabello, ese es un momento en que no estás triste, solamente sientes demasiada paz, hasta que de repente algo toca tu pierna, una pequeña caracola por la que decides escuchar. Al principio te invade completamente la intranquilidad y en aquel instante te vienen miles de recuerdos, memorias de tu vida que te hacen llorar, lágrimas de sal y de miel bajando por tus mejillas hasta descender a tu mano, produciéndose una sensación de deshago total, mientras comienzas a hundir los dedos de tus manos bajo la arena. Con muchas ganas te quedas en ese lugar, mientras esperas las estrellas alcanzar, al menos esa noche, para sincerarte y disculparte por tu acusación, porque finalmente acabas comprendiendo su pequeña ausencia, no siempre te acompañarán cuando las quieras ver, y sin rencor alguno comienzan a salir con mucha fuerza, lo que te indica que todo va fluyendo. Humildemente piensas que estás ahí, solamente entre el cielo y la tierra, viviendo desde abajo con ganas de verlo todo y queriendo alcanzar a ratos lo que ves arriba, siempre sonriendo en la mayor parte del día y sabiendo que el mundo termina contigo.

2 comentarios:

  1. Ay Noe, que me ha encantado!!!!!! Qué preciosidad de relato! Un beso y buen finde

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    1. Muchas gracias preciosa, eres muy linda. =), ese ay que te ha encantado y que te parezca precioso a mi también me encanta leerlo jeje.
      Gracias por leerlo me costó, ultimamente escribir se convierte en una odisea, se me hace más difícil, pero finalmente lo mejor una vez realizado, es leer palabras como las tuyas, es la mayor recompensa inesperada.

      Biquiñossss y feliz finde. =)

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